En cada uno de nosotros nace un ángel al que pronto el mundo le corta las alas. O tal vez, sin saberlo, nos las cortamos nosotros mismos. O quizá sí lo sabemos, y quemarnos y cortarnos y juzgarnos y perdernos sea el camino. Al fin y al cabo los santos son mártires y los ángeles mentira.
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